Refugiada política. Fue mi primer empleo. Tenía diez años y lo que llamaba hogar se perdió en el horizonte un día, mientras cruzaba territorios chetnik en un autobús de la Cruz Roja en estado ya precario. ¿El objetivo? Simple: sacarnos de allí. Y tras varios días de incertidumbre, colas y sobre todo mucho miedo, acabé en territorio desconocido – España.

Fui al colegio, aprendí español, hice amigos, crecí hasta convertirme en una adolescente emocionalmente inestable… En otras palabras, crecí como si nada hubiera cambiado (en el futuro, puede que hable del rol de los padres en la creación de la realidad de sus hijos). Apenas sentí el peso de la guerra sobre mis hombros. Fue imposible -la mochila del colegio se había instalado en su lugar. Y así lo superé todo, aprendí a encajar y destacar, a hacerme a un lado y observar.

Con los años, conseguí (lo que pensaba que era) todo lo que quería de la vida: realización personal y profesional a través de un trabajo más que interesante, viajes constantes y relaciones personales y profesionales enriquecedoras. Recuerdo que solía sentir “estoy donde siempre he querido estar” y esa sensación me fue acomodando en el conformismo.

Un día, iba andando por la calle. Pestañeo. Hablando por teléfono. Pestañeo. Postrada en una cama. “??!!”… habían pasado 25 días y había estado en coma. Me habían abierto y cosido la cabeza en tres sitios. Había sido necesario para ayudarme a seguir viviendo; Me había atropellado un motorista mientras mantenía una conversación de negocios supuestamente importante.

renacer

Cuando abrí los ojos, tenía dos años a todos los efectos; comportamiento, lenguaje, control de emociones… Los últimos tres años han consistido en crecer -de nuevo- y trabajar para cumplir mi edad real, psicológica y emocionalmente. El hecho de atravesar un proceso evolutivo por segunda vez y ser capaz de observarlo “desde fuera” me hizo replantearme la vida y todo lo implicado en ella. Cuestioné mis propias convicciones y empecé a observarlo todo con otros ojos.

Después de completar una larga recuperación, salí del túnel sabiendo que estaba pisando el camino que había nacido para andar. ¿Había pagado un precio demasiado alto? No podía recuperar el tiempo perdido, pero había recibido la formación vital más intensa y completa que existe.

Cuando las partes de mi cuerpo, mente y alma se vieron en su sitio, Tracing Life nació como resultado. Había guiado mi propio camino de vuelta al mundo real y quería, necesitaba, compartir esa experiencia de manera que pudiera ser útil para otros: quería guiar al mundo, para que el mundo pudiera definirse más allá de lo superfluo.

Solo tenemos una oportunidad para encontrar nuestro camino en la vida y si pasamos demasiado tiempo en el camino equivocado, acabamos pensando que es el único camino. A partir de hoy, trabajaré para inspirar, para ayudar, a quien tenga la paciencia de escucharme, a encontrar su verdadera identidad. Hoy, 31 de marzo 2013, marca el tercer aniversario del día que morí y un nuevo camino se perfiló ante mí. Bienvenidos a Tracing Life.

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