Una vez hayas sometido a examen y cambiado (o reforzado) tu autopercepción siguiendo las reglas del primer paso de este proceso, pon esa definición de ti mismo/a por escrito. Después, vamos a por el segundo paso: céntrate en tu rol profesional o tu situación actual en relación al trabajo.
Analiza en detalle todo lo que conlleva:
Tus funciones
Tu entorno
Tus compañeros
Aquello que te llevó hasta el puesto que tienes, o causó la pérdida/abandono de
un puesto anterior
Tus motivaciones y desmotivaciones
Los aspectos positivos y negativos de tu día a día
Tus objetivos inmediatos
Tu relación con los factores que tienen algo que decir en ese contexto.
Una vez tengas bien representada tu realidad profesional actual, elige una cosa, UNA solamente, que te gustaría que fuera de otra manera.
Reflexiona esta parte bien. No sirve elegir “más dinero y menos horas” – un psicólogo te diría que esa respuesta es una reacción automática del ego y yo estaría de acuerdo con él. Muchas veces no nos escuchamos realmente porque es demasiado fácil dejarse caer en el tópico. “Mi trabajo es una mi****, me pagan una mi****, me explotan…”. Si dices eso es porque no estás prestando atención a tus prioridades reales como profesional, sino que te estás escondiendo entre clichés para no afrontarlas. La queja estéril no tiene resultados; es una ventilación de frustraciones ocultas. Si es tu caso, se trataría de encontrar esas frustraciones analizando cómo se reflejan en tu situación actual.
Dedícale unos días a analizar bien el campo que te propongo y escoger, de forma consciente y no influida, una faceta de tu campo profesional que te gustaría cambiar. A continuación, haz una breve anotación sobre cómo te gustaría que fuera esa faceta y qué crees que podrías hacer tú personalmente para conseguir acercarte más a ella.
Conserva tus notas de los siete pasos porque cuando termine el proceso y las releas, vas a encontrar las respuestas que, sin darte cuenta, te habrás ido proporcionando a ti mismo/a.