
La misma identidad de un ser humano depende de la manera en que se expresa. Quién soy, cómo reflexiono y en qué creo no es más que el resultado de una configuración estratégica de herramientas lingüísticas que tienen el objetivo de dar sentido a mi propio yo y, en última instancia, obtener una reacción de mi interlocutor. Cuando la realidad de uno mismo depende en tal grado de una herramienta tan maleable, deja de ser algo estable y definitivo y se convierte en un producto de las circunstancias. Las declaraciones se vuelven opiniones, expresiones de puntos de vista poco firmes, ya no absolutas y sí modificables.
A lo largo de una vida, el ser humano sucumbe poco a poco al poder de la palabra, convirtiéndose en un esclavo de su propia habilidad lingüística y perdiendo ante gente que la utiliza de manera más correcta o convincente. Finalmente, nos damos cuenta de que somos esclavos del lenguaje. No sentimos, no actuamos, no existimos más allá de los límites del lenguaje. Wittgenstein vaticinó en 1921: “Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo”.
Además, la sociedad está cambiando a una velocidad vertiginosa. Zygmunt Bauman apuntó hacia el presente a principios de los 80 acuñando el término “modernidad líquida”. Vivimos en un entorno inestable, impredecible, dinámico; un entorno VUCA. No tendría sentido negar un hecho que impregna cada segundo de nuestra realidad. El tiempo ha visto nacer a una versión evolucionada del lenguaje que se esfuerza en seguir el ritmo del cambio permanente que nos rodea: el lenguaje líquido. El lenguaje líquido nace para que nuestras realidades puedan mantener su consistencia. Esta me resulta una característica fascinante, a la que le dedicaré tiempo en futuros artículos.
El lenguaje ha demostrado su poder creando y modificando la experiencia y la realidad humana – cualquiera de las 7105 lenguas listadas en el catálogo Ethnologue contienen la clave de nuestra existencia.
Esta convicción de que el Lenguaje domina todo lo que llamamos real inspiró la creación de la línea de investigación Tracing Language y, en su momento, a ampliar mi formación para adentrarme en el campo de la traducción. Pensé que una de las profesiones más interesantes del mundo sería poder sumergirse en realidades y transferirlas a otro código sin alterar, para que el mundo pudiera seguir evolucionando. No me equivocaba.
Os invito a acompañarme en la tarea de descifrar el papel del lenguaje en nuestra civilización.