Tras establecer tu identidad esencial, resaltar una faceta de tu realidad profesional que te gustaría cambiar y trazar unas líneas de acción ideales, es el momento de eclarecer el objetivo último de tu actividad profesional.

Suele llamarse de muchas maneras, pero no quiero convertir lo fácil en difícil. La cuestión principal es: ¿A qué aspiras? Hay un objetivo inherente a todo lo que somos y hacemos en el día a día, y aunque no lo verbalicemos, influye en todos nuestros pensamientos.

Definir este objetivo y verbalizarlo ayuda a tomar mejores decisiones a la hora de elegir un rumbo u otro en nuestro desarrollo. Y, lo que es más importante, ayuda a evitar cometer errores de bulto por una falta de autopercepción, autodefinición o conciencia.

En la imagen hay algunos posibles ejemplos, pero puedes elegir otras razones que no estén aquí. Dime, ¿cuál es el motor último de todas tus decisiones en el día a día?

Las 7 respuestas que perfilan tu marca personal IV

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