El Trastorno de Personalidad Múltiple consiste en cambiar de personalidad debido a elevadas dosis de estrés o circunstancias extremas. Este es un caso de estudio sobre el significado de “personalidad múltiple” en la vida moderna.
El Dr Gmelin, un médico alemán, fue el primero en documentar exhaustivamente un caso de Trastorno de Personalidad Múltiple en 1791. Esta condición del cerebro humano se define como un desorden psiquiátrico, caracterizado por tener, al menos, una personalidad alterna que controla el comportamiento del individuo.

Es gracioso… Dejando de lado el enfoque científico, cuando miro el mundo moderno me cuesta creer que cualquier persona que exista tenga una cara y solo una: otros “yo” aparecen en todas partes, ¡todo el tiempo! Hoy en día, el TPM no es tanto una condición de salud como una característica de la mente moderna – la capacidad de adaptarse, y luego readaptarse, como respuesta al cambio constante del entorno en el que uno vive.
Yo misma experimenté una especie de TPM durante mi recuperación en 2010: por las lesiones sufridas, después de salir del hospital fui yo misma, a la vez que mi propia hermana pequeña, en diferentes momentos del día, durante casi dos años. Cuando me reequilibré, hubo detalles que siguieron apareciendo inesperados, así que decidí embarcarme en un viaje de autodescubrimiento y análisis para localizar a esa “otra yo” y ver de qué iba toda la vivencia.
Resultó que…
1. Las cosas que hacían feliz a mi yo de 2 años no tenían nada que ver con la yo de 28.
2. Ella tenía una vocación en la vida que yo no entendía (empezando por ¡¿dejar mi profesión?!)
3. Se alejaba con muchísima naturalidad de las cosas que no le ayudasen a ser la mejor versión de sí misma cada día.
4. No sentía mi necesidad de demostrar su valía ante otros. Vivía ocupada en lo que le gustaba y sorda a opiniones ajenas.
5. Era genuinamente feliz por caminar por la orilla del mar, pintar con acuarelas y escribir canciones en sus ratos libres… en fin, tareas sencillas cuya existencia yo había olvidado por completo.
Reflexioné sobre el resultado durante casi un año… y decidí cruzar al otro lado. Ella había tenido razón desde el principio.
¿Por qué no lo intentas? Párate y compara quien eres normalmente con tu alter ego. ¡Apúntalo todo! Analiza cada palabra. Te soprenderá ver cuántas veces te gustaría ser esa otra versión de ti mismo. Porque ese otro tú te cambia los esquemas por completo – y cada vez que cambian tus esquemas, acabas cambiando tú – y si tú cambias, el mundo entero cambia.